En estudios realizados de aplicaciones de planes estratégicos se encontró que los problemas no han estado en la definición de la estrategia, ha sido una mala aplicación de los planes estratégicos lo que ha fallado. El aprendizaje ha sido que la capacidad que tiene una organización de aplicar su estrategia es más importante que la calidad de su definición. Esa capacidad tiene mucho que ver con el entendimiento y compromiso hacia la estrategia que se logre en todos los niveles de la organización. Y sobre todo en la gestión de la implantación del plan estratégico.
Como todo proceso de aprendizaje al inicio hay que aplicar un gran esfuerzo para desarrollar una estrategia, sin embargo produce frutos para la gestión. En general no estamos acostumbrados a sentarnos como equipo de gerentes de una organización a hablar de estrategia. El impulso inicial para crear una organización basada en estrategia se caracteriza por una gran inversión en tiempo y esfuerzo para exponer puntos de vista sobre el destino de la organización, lo que somos, a dónde queremos ir, qué necesitamos hacer. Este esfuerzo demanda de los líderes que conforman el equipo gerencial una forma de pensar diferente y la ruptura de paradigmas de cómo se venía gerenciando.
El proceso de formulación e implantación de la estrategia con la participación del personal, se convierte en un espacio para definir el destino de la organización con los aportes de muchos actores. El primer espacio de participación es sentar en una mesa de conversación a accionistas y el equipo directivo con el fin de expresar sus opiniones sobre el futuro de la organización. Los miembros del equipo gerencial desarrollan y aplican habilidades del pensamiento estratégico para comprender un poco más su "negocio" y cuál es su rol en orientar a la organización.
La participación no queda aquí, una vez adquirido una serie de ideas bien concebidas sobre el sentido de dirección de la organización hay que bajar a los siguientes niveles. Es muy importante que el personal conozca hacia dónde se quiere ir y qué pueden aportar ellos como piezas fundamentales en el desarrollo del plan estratégico. Al igual que le ocurre al equipo directivo esto implica un cambio de paradigma dado que el personal está opinando sobre las estrategias y esto puede ser nuevo para ellos.
La clave es, una vez trazada las líneas estratégicas, incorporar al personal para dar a conocer la estrategia, recibir de ellos su opinión, incorporar las ideas que nos dan y hacer que la estrategia sea comprensible para toda la organización. De esta manera estamos haciendo que el logro de los objetivos estratégicos sea una responsabilidad de todos y que cada empleado tenga actividades en su día a día que contribuyen con el éxito de la estrategia.
El fin último es lograr que cada quién en la organización desde los miembros del equipo directivo hasta el último empleado sepa que debe hacer para desarrollar el plan estratégico. Esta es la diferencia de un plan estratégico "bien hecho" que se guarda en una gaveta y que se convirtió en un ejercicio muy "bonito" con el equipo directivo. Y un plan estratégico donde se busca comprender lo que hay que hacer para ponerlo en práctica con la participación fundamental de todos los empleados.