Las cosas han cambiado mucho en el mundo de los Recursos Humanos. Ya las personas no son consideradas un "mal necesario" que debe ser administrado para mal llenar las vacantes. Ahora las empresas son conscientes de que las competencias -la capacidad para agregar valor- son, en su conjunto y sinergia, un factor estratégico que define la competitividad y la supervivencia. Es decir, que los colaboradores con sus capacidades representan activos que deben gestionados de una manera diferente. Por eso es que hoy no hablamos de recursos, sino de Capital Humano.
En el ámbito específico de la capacitación las cosas se ven y atienden también de otra manera: No practicamos el adiestramiento -capacitación, formación, actualización, etc.- por el adiestramiento mismo, promovemos el desarrollo de competencias como aquello que capacita a los individuos para ejecutar un rango amplio de tareas en un alto nivel de desempeño y que produce resultados. Es decir, lo importante no es tanto el evento -talleres, cursos, seminarios, tutorías-, como su efecto en la mejora del desempeño profesional y en la eficiencia, eficacia y efectividad de la organización. Ahora bien, ¿cómo medimos estos efectos?
Nuestra propuesta es evaluar las consecuencias de la formación - en el aprendizaje, el propio proceso de capacitación, la transferencia a la realidad del trabajo y los resultados -, tomando como fundamento las competencias y su aplicación en los procesos. He aquí cinco razones y los beneficios por los que recomendamos este enfoque: